July 8, 2012

Berlín: hasta la más terrible pesadilla llega a su fin

Siguiendo nuestras costumbres paseadoras, nos fuimos a Berlín, una ciudad que se diferencia mucho del resto de las grandes capitales europeas. Berlín no se visita para encontrarse con la Europa antigua, medieval o renacentista. Para eso hay que visitar Atenas, Roma, Praga o París. Berlín se visita para experimentar el dolor, los traumas y las esperanzas del siglo XX.

Fundada en 1307, Berlín se convirtió en una ciudad vibrante sólo a partir de la creación de la moderna nación alemana en 1871. Casi nada sobrevive de la Berlín pre-Alemania. En cambio, cada etapa subsiguiente ha dejado una huella enorme en la ciudad: La Alemania monárquica (1871-1918), la república de Weimar (1918-1933), la Alemania Nazi y la Segunda Guerra Mundial (GMII) (1933-1945), la Guerra Fría (1945-1991), y la reunificación (1991 al presente). Así pues, visitar Berlín, sus museos y sus calles equivale a tomar un curso intensivo sobre la historia del siglo XX.

Ciudad plana llena de parques y bosques, Berlín se presta para recorrerla en bicicleta. Aprovechando que el sistema de transporte público incluye programa de bicicletas compartidas, nos fuimos a visitar distintos barrios de la ciudad en ellas.


La primera impresión que nos llevamos de Berlín es que es una ciudad enorme y sin un centro de actividad distinguible. Cada distrito (que antes del siglo XX era cada uno un municipio aparte) tiene su propio centro y su propia identidad. El distrito Mitte (“mitad”) se ha convertido en el centro cultural y turístico de la ciudad. Su eje principal es la gran avenida Unter den Linden (“bajo los tilos”). A un extremo de ella está la Puerta de Brandeburgo y a la otra el río Spree, en donde hay una pequeña isla llena de museos. Esta parte de la ciudad es quizás la única que es típica de las grandes ciudades europeas: arquitectura neocolonial, símbolos monárquicos, museos de colecciones fantásticas y turistas por doquier.

La Puerta de Brandeburgo —el símbolo actual de Berlín por excelencia— es un caso raro de un vestigio pre-Alemania. Esta puerta es la única que sobrevive de 18 que se construyeron a finales del siglo XVIII que rodeaban la Berlín de aquella época. Encima está la Cuadriga, una escultura de cobre que representa a la diosa romana Victoria manejando una carroza. Cuando Napoleón venció a los prusianos en 1806, el sinvergüenza se llevó la Cuadriga para París a manera de trofeo de guerra. Luego, cuando Napoleón fue derrotado en 1814, los prusianos la recuperaron y la volvieron a poner encima de la Puerta.

Puerta de Brandeburgo
Heridas de balas y artillería
Berlín no quiere borrar las huellas de su triste y macabra historia reciente. Por ejemplo, es fácil encontrar fachadas de edificios con heridas de balas y artillería, un recordatorio de la toma de Berlín por los Aliados en 1945.

Muy evidente también son los monumentos e inscripciones recordando la tragedia que los Nazis impusieron sobre la comunidad judía de Berlín. Grandes placas adornan los costados de ciertos edificios indicando los nombres de familias judías que alguna vez allí vivieron y que fueron mandadas a campos de concentración.

Hay monumentos escalofriantes. Como el de un grupo de judíos parados, como esperando un bus. Éste fue construido en el sitio donde juntaban a los judíos de la ciudad para luego ser mandados a campos de concentración. O como el Denkmal für die ermordeten Juden Europas (Monumento a los Judíos de Europa Asesinados), que consiste en una cuadra entera llena de losas de hormigón grises rectangulares irregulares que varían de altura, entre 20 cm y hasta cinco metros. Se puede caminar por la cuadrilla que ellas forman, en donde se siente uno desorientado y perdido.

Monumento a los Judíos de Europa Asesinados
Berlín sigue luchando por volver a la normalidad después de sufrir 50 años de división durante la Guerra Fría. Aunque hoy día no hay una gran diferencia entre Berlín Oriental (B.OR) y Berlín Occidental (B.OC), aún quedan huellas. La arquitectura estéril y el desarrollo urbanístico presuntuoso típico soviético es evidente en algunas partes de la ex-B.OR, como el bulevar Karl-Marx-Allee, el gigante aeropuerto Tempelhof (que cesó operaciones en 2008) o la deprimente plaza pública Alexanderplatz y su imponente torre de televisión Fernsehturm, la estructura más alta de Alemania.


En general, los edificios que quedaron en ruinas luego de la GMII tuvieron un final diferente dependiendo de qué lado de Berlín quedaron durante la Guerra Fría: el gobierno occidental invirtió dinero en restaurar a su estado glorioso cada ruina, mientras que el gobierno oriental terminó de arrasarlos para construir nuevos proyectos urbanísticos. Así pues, el Palacio de Charlottenburg (del siglo XVII) quedó en el oeste y se salvó, mientras que el Palacio de Berlín (del siglo XV) quedó en el este y desapareció.

La huella más grande —y dolorosa— que existe es la del Muro de Berlín. Aunque terminó de ser demolido en 1991, la cicatriz permanece. Construido por los comunistas y llamado por ellos como el “Muro de Protección Antifascista”, tenía como propósito real parar el flujo de gente de B.OR hacia B.OC. El Muro rodeaba B.OC en su totalidad, convirtiéndola de facto en una isla dentro de la Alemania Oriental.

La historia resumida fue así. Berlín, al igual que el país entero, quedó dividida en una mitad capitalista y una comunista al final de la GMII. A medida que la Guerra Fría se fue estableciendo como una realidad a finales de los años 40, los alemanes orientales comenzaron a escapar en masa hacia Alemania Occidental en busca de mejores oportunidades económicas y huyendo de un gobierno represivo. Aunque la frontera entre las dos Alemanias fue prontamente sellada, la frontera entre las dos Berlines no. Así pues, los alemanes orientales entraban a B.OC como Pedro por su casa, para luego escaparse hacia Alemania Occidental en avión.

Hacia 1961, tres y medio millones de alemanes habían escapado así hacia el occidente. Los comunistas pues, decidieron sellar totalmente la frontera entre las dos Berlines: en cuestión de un domingo, todas las calles que las conectaban fueron taponadas con alambradas. Días más tarde taponaron los túneles del metro y levantaron un muro de ladrillos de concreto a lo largo de toda la frontera. Comunidades y familias quedaron rotas por la mitad. Gente que vivía en el oeste y que trabajaba en el este no pudo regresar a casa ese domingo. Las áreas más afectadas fueron las que quedaban justo en la frontera, como la que visitamos a lo largo de la avenida Bernauer Straße. Este video muestra la gente desesperada escapando hacia el oeste.

Muro de Berlín
Un par de años más tarde se construyó un muro interno (del lado oriental) que corría paralelo al principal 100 metros más adentro. Cualquier estructura entre los dos muros fue eventualmente arrasada para así patrullar más fácilmente la frontera. Esta área entre los muros se conoció como la “franja de la muerte”. Cuando toda la polvareda de la construcción de los muros remitió, los berlineses descubrieron que su preciada Puerta de Brandeburgo había quedado encarcelada en la franja de la muerte, y la Puerta se mantuvo así, abandonada y aislada del mundo, por 30 años.

A mediados de los 80, Puerta de Brandeburgo en la franja de la muerte
En 1975 el Muro fue actualizado a la versión que todos reconocemos. Los berlineses occidentales podían acceder hasta el Muro, así que su cara occidental es la que era llena de grafitis. Los berlineses orientales, por otro lado, sólo podían llegar hasta el muro interno, aunque querer ir hasta allí sin residir en sus cercanías no era una buena idea. Por la franja de la muerte no pasaban ni los malos pensamientos; esa vaina tenía hasta dragones.

Recreación de la franja de la muerte

Huella del Muro de Berlín
El Muro calló bajo el peso de la historia. Luego de que Gorbachov proclamara en 1988 que Moscú no pretendía más controlar el rumbo político de los países comunistas, Austria y Hungría (el uno capitalista y el otro comunista) abrieron la frontera entre ellos para permitir el flujo libre de personas. Este “hueco” en la Cortina de Hierro le permitió a miles de alemanes orientales escaparse hacia el occidente, y así el Muro perdió toda razón de ser. El 9 de noviembre de 1989, el gobierno de Alemania Oriental proclamó la circulación libre entre las dos Berlines. Ese mismo día comenzó la misma gente a tumbar el Muro.

Desde de la reunificación total en 1991, Alemania ha invertido mucho dinero y esfuerzo en reintegrar la franja de la muerte con el resto de la ciudad, aunque ha sido una tarea muy complicada. Ahora que visitamos, 21 años después de la caída del Muro, todavía hay áreas abandonadas de la franja o recién con construcciones comenzando.


Luego de la caída del Muro, B.OR prácticamente se vació, por lo que los precios del bien raíz se desplomaron. Hoy día aún hay edificios en la ex-B.OR sin propietarios oficiales y llenos de ocupantes ilegales. Gracias a los bajos precios de la vivienda, muchos artistas se han radicado en la ciudad. Ergo, Berlín es un centro artístico importante de Europa.

Quizás por esto, encontramos en Berlín un aire anárquico. Los berlineses no son los estereotípicos alemanes: un caos harmonioso reina en las calles, en las que ciclistas van y vienen sin reglas, montándose a andenes y cruzando semáforos en rojo, mientras que peatones, a veces con licor en mano, las cruzan despreocupada e imprudentemente.

La otra presencia importante es la del gobierno federal. En 1991 el parlamento alemán votó por hacer de Berlín la capital de la nueva Alemania unificada. Recordemos que cuando la Guerra Fría acabó, el gobierno alemán oriental no se unificó con el occidental, ¡sino que el gobierno oriental desapareció! El gobierno occidental, entonces, asumió el control de todo el territorio.

Todo el gobierno se mudó de Bonn a Berlín en ese año y el parlamento volvió a residir en el edificio del Reichstag. Este edificio albergó el parlamento alemán entre 1894 y 1933. Hitler siempre lo miró con desdén, por lo que su gobierno nunca operó desde allí. Luego de permanecer abandonado por 60 años, finalmente fue restaurado en 1999 y coronado con una cúpula de vidrio impresionante.

Edificio del Reichstag
Berlín, como el ave fénix, ha surgido de sus propias cenizas. Y no es metáfora: más del 30 por ciento de la ciudad quedó en ruinas al final de la GMII (este video da una idea del estado en que quedó Berlín). Y a eso hay que sumarle la destrucción que el Muro trajo. Barrios que otrora fueron centros importantes de comercio y que después fueron arrasados por la GMII y por el Muro, hoy día son nuevamente puntos concurridos de encuentros culturales y de negocios.

Réplica del primer semáforo de Europa,
en Potsdamer Platz
El caso más espectacular es la plaza Potsdamer Platz. Que el primer semáforo de Europa haya sido instalado allí —en 1924— subraya lo neurálgica que la plaza era para Berlín. Cualquier estructura que allí existió fue borrada por la GMII y por el Muro que cortaba la plaza por la mitad. Hoy por hoy, Potsdamer Platz es nuevamente un centro importante de la ciudad, lleno de edificios y centros comerciales y de negocios, que no recuerda en nada a la arquitectura original. Sólo una réplica del antiguo semáforo sirve de recordatorio de la Berlín próspera de hace cien años.

Berlín vive con su historia a cuestas, recordando a sus visitantes en cada esquina los horrores que allí alguna vez ocurrieron, y simultáneamente demostrando que hasta la más terrible pesadilla llega a su fin. Su excelente calidad de vida y su pujante espíritu humano la hacen la ciudad predilecta de unos y otros. Ojalá algún día puedas visitarla.

Todas las fotos en el álbum:

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